viernes, 7 de agosto de 2009

Lo importante son risas.

La infraestructura, la programación, los tiempos, la metodología, todo son patrañas si no van acompañadas de sonrisas de ida y vuelta. Este chiste, además, habla de interculturalidad y de la idiosincrasia local. Ja, ja, ja!!!!
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Juegos de palmas.

Se propaga como la mecha de un ciquitraque. Explota un petardo y la traca ya no hay quien la detenga. Algo así ocurre cuando dos niños se ponen frente a frente y hacen chocar las palmas de las manos al ritmo de una cancioncilla. Tenemos debilidad por este tipo de juegos infantiles que forman parte del acervo cultural, de las tradiciones orales que se transmiten generación tras generación. Otras virtudes: desarrollo psicomotriz, ritmo, cooperación y el avance hacia objetivos propios de la coeducación.
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Aprender haciendo; haciendo aprender.




Manos a la obra. Los talleres nos ponen en acción y nos permiten enfocar centros de interés de un modo práctico y participativo. No nos podemos limitar a realizar una actividad plástica, sino que debemos de dotarla de contenido. En ellos tenemos que equilibrar las pautas dirigidas con la creatividad individual, lo cual no es sencillo. Deben realizarse en un tiempo corto con un resultado aceptable (si no responde a las expectativas de su creador o del padre o madre de este, terminará en el cubo de basura en breve). Además, se deben adaptar a las capacidades e intereses de los distintos tramos de edad. Los materiales de partida serán asequibles, de sencilla manipulación, no implicarán riesgo alguno y, a ser posible, parte de ellos serán objetos cotidianos reutilizados.
Asi pues, diseñar bien una taller tiene mucha más faena de lo que parece.

Juegos para crecer





El juego es una herramienta imprescindible para todos los que trabajamos en educación y ocio. En las escuelas nos ha servido para divertirnos (lo cual ya es mucho) al tiempo que damos pellizcos a distintos aspectos de la educación en valores. Juegos cooperativos, tradicionales, la olimpiada más limpia, juegos para dar la vuelta al mundo, juegos para discapacitados muy capacitados, la ronda Ni más ni menos sobre tareas domésticas, juegos en pie de paz y un largo etcétera.

Viva la diferencia.






En todas las escuelas de verano se ha trabajado, a través del juego y los talleres, el encuentro entre diferentes. Las ideas: “las diferencias nos enriquecen”, “todos tenemos las mismas obligaciones y los mismos derechos”, “la convivencia se basa en la solidaridad y en la tolerancia entre diferentes” se han trabajado en tres frentes: la discapacidad, la interculturalidad y la coeducación

Con las manos en la masa.





Galletas, polos, gazpacho, tartas de chocolate, yogures, quesos, limonada, batidos, tapas y tortitas. ¡Oído cocina! Con estos minichefs aprendemos la higiene en la manipulación de alimentos, su procedencia, la mezcla de ingredientes en su justa medida, la elaboración creativa de una receta, los sabores, el etiquetado, la dieta equilibrada, la conveniencia de lo elaborado en casa frente a los productos precocinados, … Y es que como decía el Gran Cousteau, “Todo el mundo puede cocinar”. Estos asuntos forman parte de la educación para la salud y de un sabroso pasito hacia nuestra autonomía.

La rebelión de las verduras.




Estando en la Vega, la huerta debe ser protagonista de mil sensaciones. El sol, la tierra, el murmullo de la acequia y el esfuerzo en las manos. El olor de la tomatera, de las coles recién cortadas y del casual roce de la albahaca. La aspereza de la hoja del calabacín, el brillo de la berenjena suspendida en la mata y los colores y formas de las impresionantes flores de las distintas variedades de calabaza. Girasoles y giralunas.
Y en un rincón, los asuntos del paciente espantapájaros: el compost, el humus de lombriz, las prisas son malas consejeras, el insecticida natural de ajo, cola de rata y tabaco, el purín de ortiga, escucha lo que te rodea y el saludable gazpacho.

Pelo, pico y no meter la pata.





En el corral y en el laboratorio de la bruja viven animales que vamos a conocer y a cuidar. No solo pelos y plumas, también pieles escamosas y viscosas que tocamos perdiendo miedos y ganando respetos. Y ante la mirada atenta de una bruja, que no resulta ser tal, si no una sabia conocedora de los usos tradicionales, desechamos falsas creencias y escrúpulos muy dañinos.
Y con proximidad entendemos que los animales no son juguetes, que las mascotas no solo precisan afecto, sino sobre todo responsabilidad.

Escuchar palabras sencillas y explicadas.





Donde el castigo no existe y por lo tanto no puede ser utilizado como moneda de cambio, hablar claro y sentirse escuchado es el método.
En la asamblea nos organizamos, resolvemos y planteamos, abrimos el buzón de sugerencias y leemos las aportaciones de las familias escritas en la libreta viajera. Con actividades sencillas despertamos la curiosidad hacia el tema del día.
Además, es el momento de escuchar con los ojos y de hablar con las manos; aprendemos lenguaje de signos.

Cien pies en tu verano.


Sal por pies del aburrimiento, diviértete, haz amigos y aprende junto a nosotros. Este verano pisa fuerte y deja tu huella. Estamos en pie de paz.

Este texto ha encabezado los folletos de las distintas escuelas de verano que Ciempiés está realizando en estos meses estivales. Además de conciliar la vida familiar y la “vida” laboral, pretendemos construir entre todos una experiencia ocio-educativa que, guiada por los afectos, el esfuerzo y el buen hacer, termine atesorándose en la memoria de los niños y niñas como un entrañable recuerdo de verano.
Este año, en el que cumplimos 10, la mascota de las escuelas ha sido el ciempiés, un bicho en línea cuyos segmentos se empeñan en coordinar sus patas para no tropezar en exceso. Esta metáfora invertebrada nos ha proyectado a los entresijos de la educación en valores.
Inmersos en estas tareas nos encontrarás en la Escuela de Verano de Los Ogijares, la Casa de la Cultura de Churriana de la Vega, la Ludoteca de la Universidad de Granada y el Aula Rural del Cortijo del Pino.
Estas letras y su imagen es la primera de diez entradas, diez trazos gruesos para dibujar un boceto de nuestra labor en este último recurso.